اليوم الثلاثاء 24 يناير 2017 - 21:15

يَومٌ مع ثِربانطيس في الرباط

أخر تحديث : الجمعة 29 مايو 2015 - 11:10 صباحًا
اسماعيل العثماني* | بتاريخ 16 مايو, 2015

نَشر ميغيل ذي ثربانطيس الجزء الأول من روايته “ضُون كيخوطي ذي لا مانطشا” في 1605 والجزء الثاني منها في 1615. وبمناسبة المِئوية الرابعة لصدور الجزء الثاني، نظمَ معهد ثربانطيس وشعبة الدراسات الإسبانية في كلية الآداب التابعة لجامعة محمد الخامس بالرباط يوم سابع ماي 2015 لقاءً عِلمياً حول هذه الرواية المؤسِسة. مَثّل الجانبَ الإسباني الأستاذ آنخيل باسانطا ومَثّل الجانبَ المغربي الأستاذ اسماعيل العثماني، بحضور كثيف للطلبة وبعض الأساتذة والإداريين من الجانبين.

بَعد كلِمات الترحيب مِن طرف نائب العميد والتقديم من طرف مدير معهد ثربانطيس ورئيس شعبة الدراسات الإسبانية، أخذ الكلمة آنخيل باسانطا، الخبير الإسباني في مجال النقد الروائي، فاستعرض أهم مميزات رواية ثربانطيس وفضْل هذه الأخيرة على الأدب العالمي تعميماً والإسباني تخصيصاً. وبعده جاء دورُ اسماعيل العثماني، الباحث في حقل الثقافة والترجمة، وهذا نصُ مُداخلتِه:

 

Don Quijote y la traducción

Don Quijote de La Mancha (1605/1615), obra cumbre de la literatura mundial, es una traducción de demencias, vivencias, convivencias, supervivencias y connivencias. Pero es ante todo la traducción al castellano de un manuscrito árabe titulado “Historia de Don Quijote de La Mancha escrita por Cide Hamete Benengeli, historiador arábigo” inspirado por la obra de un autor anónimo anterior, realizada por un anónimo traductor morisco a cambio de “dos arrobas de pasas y dos fanegas de trigo”. Los detalles de esta “confesión” cervantina son de sobra conocidos. Si no, remito a los interesados al Capítulo IX de la Primera Parte del Quijote.

Tratar de identificar a Cide Hamete Benengeli, supuesto autor de nuestra novela, ha ocupado a más de un cervantista, pero la verdad es que hasta la fecha no se ha logrado una identificación definitiva del supuesto autor árabe del manuscrito (en árabe) de Don Quijote de La Mancha. Por consiguiente, no se ha explicado de manera convincente la opción de Cervantes por el elemento árabe para su novela y su autoría, sin olvidar los numerosos episodios “árabes” en el Quijote.

Se han barajado varias hipótesis de trabajo examinando posibles fuentes del nombre del supuesto autor. Para algunos, Benengeli es “Benelayli”, o “hijo del ciervo”, contenido en el nombre “Cervantes”. Para otros, significa “Aberenjenado”, que procede de una deformación de “Berenjena”, apodo corriente ( ?!) de los toledanos, según Sancho Panza (“he oído decir que los moros son amigos de berenjenas” P. II, Cap. 2). Otras lecturas han sugerido que significa o “hijo de la Biblia”), “hijo del ángel” o “hijo del valioso”. Sin embargo, no cabe duda de que la duda permanece, a pesar del tiempo transcurrido y de los esfuerzos dedicados al tema.

En realidad, “Benengeli” se ofrece, más o menos fácilmente, a una lectura más plausible que todas las anteriores si tomamos en cuenta el contexto áureo, en especial la limpieza de sangra y la dimensión morisca del Quijote. Siendo “Ben” equivalente de “Hijo de” y “engeli” o “negli” equivalente de “bastardo”, juntando Ben y engeli se obtiene “Hijo de bastardo”, lo que viene a significar “hijo de-sangre no limpia”, lo que equivale a decir, desde la óptica de Cervantes y su época, un “cristiano nuevo”.

No obstante, desde el enfoque escogido para esta cita, el de la traducción, cabe recordar que el Quijote es, en realidad, una obra original, originalísima, y la más traducida a las lenguas del mundo después de la Biblia. Pero participando del juego cervantino, se puede decir que Don Quijote es una traducción ficticia, la elaboración de una historia arábiga a partir de una traducción castellana, aunque aparecen dentro de esta traducción ficticia, sobre todo en la Segunda Parte, textos originales y traducidos de otras lenguas. Es decir, tenemos un desconocido autor original de la obra, un recopilador que es Cide Hamete Benengeli, un traductor morisco y un editor-narrador que es el propio Cervantes.

Cervantes muestra mucho conocimiento de la traducción. En el mencionado Capítulo IX de la Primera Parte, su narrador, y parafraseo, ruega al traductor morisco volver los cartapacios sobre Don Quijote en lengua castellana sin quitarles ni añadirles nada, ofreciéndole la paga que él quisiese. Por su parte, el morisco le promete de traducirlos bien y fielmente y con mucha brevedad. Se da el caso que volver bien y fielmente en otra lengua, sin quitar ni añadir nada, y con mucha (sic. razonable) brevedad es la esencia misma de la traducción, como actividad, oficio, técnica y medio comunicativo. Es justamente la opinión (consensuada) de cuantos trabajan, enseñan, teorizan e investigan en el campo de la traducción.

Por consiguiente, este brevísimo párrafo de 1605 resulta ser una aportación extraordinaria en este sentido, ofreciéndonos una definición de la traducción de enorme modernidad y actualidad. De paso, descubrimos otra verdad, una verdad que nadie discute; la que viene a decir que la labor del traductor es tan afanosa como impagable y que el traductor es tan raro como generoso. Ciertas combinaciones lingüísticas son obviamente menos arduas que otras, pero del arábigo al castellano el traductor es, sin duda, una “especie rara”, incluso en nuestros tiempos, ya que no debe de haber hoy en España más de diez traductores en esta combinación. Lo que explica el ruego y la generosa oferta del narrador cervantino por los servicios del traductor morisco, y su empeño en llevarlo en seguida a su casa por temor a perderlo, “por no dejar de la mano tan buen hallazgo”.

En la Segunda Parte (1615), Capítulo 3, dice el bachiller Sansón a Don Quijote, refiriéndose a la fama alcanzada por la Primera Parte de la novela:

“… Bien haya Cide Hamete Benengeli, que la historia de vuestras grandezas dejó escritas, y rebien haya el curioso que tuvo cuidado de hacerlas traducir de arábigo en nuestro vulgar castellano, para universal entretenimiento de las gentes… que tengo para mí que el día de hoy están impresos más de doce mil libros de la tal historia; si no, dígalo Portugal, Barcelona y Valencia, donde se han impreso; y aun hay fama que se está imprimiendo en Amberes, y a mí se me trasluce que no ha de haber nación ni lengua donde no se traduzca.”  

Este testimonio confirma otras verdades sobre la traducción, y por ende, el profundo conocimiento que tenía Cervantes sobre este oficio: confirma que entre un texto y una traducción del mismo interviene la casualidad, en forma de curiosidad que empuja a querer enterarse del significado de un texto, y que una vez hecha, la traducción puede llevar al autor del texto a la fama y a los lectores a aprender y disfrutar del texto original extranjero. Lo que nos lleva a pensar que Cervantes y los autores y traductores de su época compartían probablemente unos conocimientos bastante avanzados sobre lo que es/ debe ser la traducción.

En el caso concreto del Quijote, Sansón profetisa además que la novela sería traducida profusamente a las lenguas del mundo. En efecto, La Historia del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha ha sido traducida a todas las grandes lenguas del mundo… pero no al árabe… al menos hasta no ha mucho tiempo. Pues hasta 1957 el Quijote seguía sin ser traducido al árabe. Antes de esa fecha, lo había intentado el literato marroquí originario de Tetuán Tuhami Wazani y algún que otro hombre de letras libanés, pero, por una razón u otra -¿casualidad?-, sus esfuerzos no se tradujeron en la publicación de una versión árabe del Quijote.

Fue en Inglaterra donde se inició la serie de traducciones del Quijote, con Thomas Shelton, que publicó la Primera Parte en 1612 (7 años después de la versión española, en 1605) y la Segunda Parte en 1620 (5 años después de su publicación en español, en 1615). Mientras que en árabe, y después de más de cuatro siglos, contamos con tres traducciones y media, todas ellas relativamente recientes, a saber: las traducciones de Abd al-Aziz Al-Ahwani (1957, El Cairo, sólo Parte I); Abderrahman Badawi (1965, El Cairo); Sulayman Al-Attar (2002, El Cairo) y Rifaat Atfah (2004, Damasco).

En primer lugar, este breve inventario deja ver que la primera de las traducciones es ya algo tardía y data de los años cincuenta; en segundo lugar, que todas fueron publicadas en el Mashreq (Oriente árabe); en tercer lugar, que los traductores pertenecen al mundo universitario y no son ni autores ni traductores profesionales; es más, tanto Al-Attar como Atfah son académicos en Departamentos de Estudios Hispánicos.

Traducir El Quijote al árabe requiere valor y optimismo, además de amor por la literatura. Ello naturalmente no puede servir de justificante para los cuatro siglos que ha durado la espera. De todos modos, reconocer y celebrar el valor y optimismo de Badawi, Attar y Atfah como traductores no debe desautorizarnos para emitir un juicio de valor sobre las tres traducciones árabes completas del Quijote: son aproximativas, tanto que no podría encontrarle sinónimo al adjetivo “aproximativo”.

Fijémonos sólo en cómo han traducido el título:

عبد الرحمان بدوي (مصر): ثربانتس: دون كيخوته / النبيل البارع دون كيخوته د لا مانتشا (1965)
سليمان العطار (مصر): ميجيل دي ثربانتس سابيدرا: الشريف العبقري دون كيخوتي دي لامانشا الشهير بين العرب باسم دون كيشوت (2002)
رفعت عطفة (سوريا): ميغل دِ ثربانتِس: دون كيخوتِ دِ لا مانتشا  / النبيل الألمعي دون كيخوتِ دِ لا مانتشا (2004)

O en qué han convertido a nuestro historiador arábigo Cide Hamete Benengeli:

– Badawi : سيدي حامد بن الأيل
– Al-Attar: سيدي حامدي بن إنجيلين
– Atfah: سيدي حامِد بن علي

Es curioso, aunque no tanto, como ninguno de los cuatro traductores “orientales” se ha percatado de que “Hamete” ha sido durante siglos la versión española, popular y sofisticada, entre profanos, autores e historiadores, del nombre “Ahmed”. De hecho, se sigue utilizando todavía hoy tanto en España, en Ceuta y Melilla, así como en la parte hispanófona del norte de Marruecos.

En suma, nuestros tres traductores, quizás por no contar con la preparación profesional requerida en este particularísimo caso, quitan y añaden según su albedrio. Resultado: para el lector advertido una lectura comparativa entre cada traducción y el original revela un dominio de la literalidad a expensas de la literariedad, bastante arbitrariedad por no decir infidelidad, mucho desnivel, no poca confusión, comprensión textual mediana, competencia traductora regular y, sobre todo, poco ingenio tratándose de la historia de un ingenioso. Peor aún lo tiene el lector curioso o desocupado, el cual se ve pronto, tras leer apenas unas cuantas páginas, inmerso en tanta incomprensión que no tiene más remedio que cerrar su ejemplar del Quijote árabe para siempre.

Para remediar, habrá que pensar tal vez en una traducción marroquí de la obra maestra de Cervantes. Ésta sabría, por motivos histórico-culturales obvios, conservar la textura y frescura de la novela, su envoltura y desenvoltura, trasladar fielmente la nomenclatura y la onomástica, calcar sus andanzas, preservar su humanismo, transmitir sus sutilezas, ironía y humor, reproducir sus ambientes, sabores y sinsabores y apropiarse de sus sentidos, en ambos sentidos de la palabra.

¿Sería entonces quijotesco de nuestra parte pensar y proponer que los ministerios de cultura español y marroquí, o instituciones académicas de uno y otro país, aúnen esfuerzos para vencer para siempre el reto de producir una traducción árabe digna de esta prestigiosa obra, tan española como mediterránea y mundial, ofreciendo así a los “arábigos” de hoy y mañana la oportunidad de volverse un poco locos de verdad leyendo el Quijote.

Ismail El Outmani

Universidad Mohamed V, Rabat

أوسمة :

أضـف تـعـلـيق 0 تـعـلـيـقـات



جريدة أصوات سيتي الإلكترونية :
لن تسمح جريدة "أصوات سيتي" مطلقا بنشر أي مادة تخرج عن إطار الأخلاق الحميدة والآداب العامة أو تتضمن تجريحا للأشخاص والأسماء والرموز والمقدسات، أو تمس بفضيلة الحوار وآداب وقواعد النقاش، وكل استعمال للكلمات النابية والخادشة للحياء أو المحطة بكرامة الإنسان سوف لن تنشر. وتحتفظ الجريدة بحقها في نشر أو عدم نشر أي تعليق لا يستوفي هذه الشروط، هذا وإن تعليقات القرّاء لا يعبّر بأي شكل من الأشكال عن رأي الجريدة وخطها التحريري المشار إليه في ميثاق الجريدة.